La puerta de los sueños

LA PUERTA DE LOS SUEÑOS: EL CADILLAC DE MANFRED BÖHER.

 

La referencia a este inquietante y polvoriento bólido, abandonado

en la plaza número 41 del Parking de la antigua estación del tren de la estación de Arlequín, halla su orígen en una anécdota real que sucedió en la comunidad de vecinos de Madrid donde vivo actualmente. Durante muchos años, podría arriesgarme sin titubeos a dar una cifra, la friolera de 15 o 20 años, hubo en la plaza número 41 del garaje un Cádillac abandonado, cubierto por una espesísima capa de polvo. El estado de conservación de la pintura y la chapa eran sorprendentemente impecables. Durante años traté de averiguar a quién pertenecía y por qué motivo se habían desecho de semejante maravilla sobre ruedas de una manera tan indolente y desdeñosa. Largas indagaciones y pesquisas comenzaron con el tiempo a desvelar una turbia historia, no exenta de matices extraños, que inocularon en mis entrañas esa corriente de ideas ficticias irrefrenables que me asaltan cuando me encuentro frente a la pantalla del monitor. Recientemente unos "tipos siniestros" llegaron a la comunidad con la intención de buscarle un nuevo hogar al fascinante Cadillac; compradores ávidos de poseer rarezas y joyas inusuales sin duda. Cuando vi esa plaza de garaje número 41 vacía, fue como si las mismas fauces de la tierra lo hubiesen devorado, arrebatándome ya para siempre de mis ensoñaciones fantásticas y de la contemplación de aquel "míto sobre ruedas sumido en un letargo infinito". El Cadillac ya no está, pero su leyenda permanecerá indeleble por siempre en mis recuerdos.

Víctor Virgós.

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