ACERCA DE VERBANIA...

EL REINO DE VERBANIA

 

                El aire estaba cargado de aromas deliciosos que provenían de la aldea de Silvarnia. Barny sobrevoló el bosque de árboles milenarios en compañía de su inseparable amigo Randy, un petirrojo bravucón que siempre se metía en líos porque quería demostrar que pese a su tamaño, casi diminuto comparado con el de Barny, el papagayo, podía darle una lección cuando quisiera. Siempre se vanagloriaba narrando las batallas épicas en las que se había enfrentado él solo contra toda una bandada de feroces alcaudones. Valerina, su fiel esposa, conocía sobradamente sus desvaríos y la preocupaba que un exceso de osadía le llevara algún día al paraíso de los pájaros, conocido como Limbania.

         Lavinia y su prolija cuadrilla de mofetas corrían alegremente por el suelo mullido del bosque, cubierto de hojas rojas y naranjas, en dirección a Silvarnia, donde como cada año se celebraría la gran fiesta para todas las criaturas del bosque. A su lado pasaron raudos como flechas Benigno y Carigno, dos imponentes alces que jamás se relacionaban con otros seres, salvo los muflones blancos y los rojos, de cuyas cornamentas se extraía un potentísimo veneno que podía matar a cualquier enemigo. Más atrás venía un batallón indiscriminado de gacelas, liebres, osos, orangutanes, jabalíes, zorros, lobos, jinetas... Nadie quería perderse el gran festival.

         Una nube de mariposas rojas y violetas se interpuso en el camino de las tórtolas, los estorninos y los jilgueros, que volaban en formación en respetuoso silencio. Marninda y Severninda, las águilas perdiceras, descendieron en picado desde sus cómodos camastros en lo alto de la montaña de los espejos, desde donde podías observar toda tu vida pasada y lo que te deparaba el futuro. Eso sí, siempre y cuando no quedaras atrapado por el hechizo de Morganya, la hermosísima ninfa que habitaba en lo más profundo de las gélidas aguas de los lagos que abastecían toda la región conocida como Verbania. Decían que provenía su legendaria belleza de la perpetua juventud de las brujas blancas. Pocos las habían visto alguna vez. Eran reservadas, taimadas y escurridizas, como los chorros caprichosos de la Cascada del Amor, donde flirteaban y revoloteaban los enamorados. Las brujas blancas mantenían y preservaban el equilibrio, la paz y armonía en el reino de Verbania. Eran las artífices de la música, que flotaba en el aire como una bruma eterna, del manto policromado del arco-iris que rodeaba los valles siempre en flor y los bosques, donde residía la sabiduría. Habían creado a los duendes y a los druidas, los elfos y las hadas. Las brujas blancas eran prácticamente inmortales, tan antiguas como el universo.

 

 

ACERCA DE VERBANIA...

 

ESTE NOMBRE NO ES FRUTO DE MI PROLÍFICA IMAGINACIÓN. EXISTE UNA REGIÓN PIAMONTESA EN ITALIA CON ESTE NOMBRE, Y DIGAMOS QUE ME TOMÉ LA LIBERTAD DE ADOPTARLO PARA ESTA NOVELA CUANDO VISITÉ ESTE LUGAR, CON SUS MARAVILLOSOS PUEBLECITOS, LAS ISLAS BORROMEAS, SUS LAGOS DE BELLEZA SOBRECOGEDORA...

 

VÍCTOR VIRGÓS.

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Más allá de estas líneas se extiende un paisaje espectral e inquietante.......

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